
Estrés ambiental
Estrés hídrico
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Patógeno:
Estrés ambiental
Tipo:
Riesgo para la planta:
INTERMEDIO



DESCRIPCIÓN
¿QUIÉN LO CAUSA?
El estrés hídrico se trata de un trastorno fisiológico provocado por un desequilibrio entre la cantidad de agua que la planta pierde y la cantidad de agua que puede absorber y transportar hacia sus tejidos. El problema aparece principalmente cuando la disponibilidad de agua en el suelo es insuficiente, aunque también puede producirse cuando las raíces están dañadas, el suelo presenta un drenaje deficiente, existe una salinidad elevada o las condiciones ambientales provocan una pérdida de agua superior a la capacidad de absorción de la planta. Cuando el agua disponible disminuye, el potencial hídrico del suelo y posteriormente el de los tejidos vegetales se reduce, dificultando el mantenimiento de la turgencia celular. La planta responde cerrando parcialmente los estomas para disminuir la pérdida de agua por transpiración, pero esta respuesta también limita la entrada de dióxido de carbono y puede reducir la actividad fotosintética. En situaciones prolongadas, la planta redistribuye sus recursos y prioriza la supervivencia de los órganos esenciales frente al desarrollo de flores y frutos. Los frutos que se encuentran en crecimiento presentan una elevada demanda de agua y pueden verse afectados especialmente cuando se producen fluctuaciones importantes entre periodos secos y aportes abundantes de agua. Una sequía prolongada puede provocar una reducción del crecimiento, mientras que la rehidratación posterior a un periodo de déficit hídrico puede generar una expansión rápida de los tejidos que favorezca el agrietamiento de determinados frutos. La intensidad del problema depende de la duración y severidad del déficit, la especie y variedad, el estado fenológico, la capacidad de retención de agua del suelo, la profundidad y salud del sistema radicular y las condiciones de temperatura y demanda atmosférica. No existe infección, reproducción ni propagación de un organismo causal, por lo que no existe un proceso biológico de transmisión semejante al de una enfermedad causada por hongos, bacterias o virus.
SÍNTOMAS
El estrés hídrico en los frutos se produce cuando el suministro de agua no permite mantener adecuadamente el crecimiento y el equilibrio hídrico de los tejidos. Puede aparecer durante cualquier fase de desarrollo, pero resulta especialmente perjudicial durante el crecimiento rápido, el cuajado y la maduración. Un déficit de agua prolongado puede reducir el tamaño final de los frutos, ralentizar su crecimiento y provocar pérdida de turgencia y deshidratación. Cuando el estrés se alterna con periodos de riego abundante, los cambios bruscos en el contenido de agua pueden provocar una expansión rápida de los tejidos y favorecer la aparición de grietas y fisuras en la superficie. En algunos cultivos también puede producirse caída prematura de frutos, maduración irregular y alteraciones de la firmeza. Los frutos afectados pueden presentar una menor calidad comercial y una mayor sensibilidad frente a daños secundarios. En condiciones de estrés intenso, la pérdida de agua puede llegar a provocar el secado parcial de los tejidos y comprometer el desarrollo normal del fruto. Los síntomas pueden variar según la especie y la fase de desarrollo, pero suelen estar relacionados directamente con la pérdida de agua, la reducción del crecimiento o las fluctuaciones bruscas de hidratación. Deshidratación / Frutos pequeños / Agrietamiento del fruto / Deformación / Pérdida de firmeza / Maduración irregular / Marchitamiento / Secado de tejidos / Caída prematura del fruto




TEMPERATURA Y HUMEDAD
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¿CÓMO SE CONTAGIA?
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¿CÓMO ELIMINARLA?
Tratamientos caseros
No hay tratamientos caseros
Tratamientos químicos
No existen tratamientos fitosanitarios. Se debe corregir el riego y mejorar el drenaje.
Tratamientos permitidos en agricultura ecológica
No existen tratamientos fitosanitarios. Se debe corregir el riego y mejorar el drenaje.
Insectos aliados
ÁCAROS DEPREDADORES
MARIQUITAS
CRISOPAS
AVISPILLAS PARÁSITAS
SIRFIDOS O MOSCAS PARÁSITAS
CHINCHES DEPREDADORAS
No hay aliados naturales
Mycodiplosis oidii (Mosquito depredador)
• Mantener un programa de riego regular adaptado a las necesidades hídricas específicas del cultivo y a las condiciones ambientales.
• Evitar periodos prolongados de sequía, especialmente durante la floración, el cuajado, el crecimiento rápido y la maduración de los frutos.
• Evitar alternar periodos de déficit hídrico intenso con riegos excesivamente abundantes.
• Mantener una humedad del suelo lo más estable posible durante las fases de rápido crecimiento del fruto.
• Ajustar la frecuencia y cantidad de riego a la textura del suelo, la capacidad de retención de agua y la profundidad del sistema radicular.
• Comprobar periódicamente la humedad del suelo para evitar realizar los riegos únicamente cuando aparezcan síntomas visibles de estrés.
• Utilizar sistemas de riego que permitan aportar el agua de forma uniforme y controlada.
• Revisar periódicamente los emisores, goteros y conducciones para detectar obstrucciones, fugas o diferencias de caudal.
• Mejorar la estructura del suelo cuando sea necesario para favorecer una distribución uniforme del agua alrededor de las raíces.
• Incorporar materia orgánica cuando resulte adecuado para mejorar la capacidad de retención de agua y favorecer el desarrollo radicular.
• Evitar la compactación del suelo, ya que puede limitar la expansión de las raíces y dificultar la absorción de agua.
• Mantener un sistema radicular sano y suficientemente desarrollado para permitir una adecuada exploración del suelo.
• Evitar daños en las raíces durante el trasplante, las labores de cultivo y los trabajos realizados alrededor de las plantas.
• Mejorar el drenaje cuando exista encharcamiento, ya que un exceso de agua puede reducir la oxigenación de las raíces y terminar provocando síntomas similares a los de un déficit hídrico.
• Controlar la salinidad del suelo y del agua de riego, ya que una concentración elevada de sales puede dificultar la absorción de agua por las raíces.
• Utilizar acolchados cuando sean adecuados para el cultivo con el objetivo de reducir la evaporación directa desde el suelo y estabilizar su humedad.
• Reducir la competencia por agua mediante un adecuado control de las malas hierbas alrededor de las plantas.
• Adaptar el riego a las condiciones de temperatura, radiación solar, viento y demanda atmosférica.
• Incrementar la vigilancia durante periodos de temperaturas elevadas, viento seco o elevada demanda evaporativa.
• Evitar podas excesivas o intervenciones que alteren bruscamente el equilibrio entre la superficie foliar y la cantidad de raíces disponibles para suministrar agua.
• Mantener una nutrición equilibrada para evitar un crecimiento excesivamente rápido que incremente la demanda hídrica del cultivo.
• Vigilar especialmente los frutos durante las fases de rápido crecimiento para detectar precozmente pérdida de firmeza, deshidratación o aparición de grietas.
• Evitar realizar riegos extremadamente abundantes después de periodos prolongados de sequía cuando exista riesgo de agrietamiento de los frutos.
• Utilizar sensores de humedad o herramientas de control del contenido de agua del suelo en cultivos donde el estrés hídrico sea recurrente.
• Corregir las deficiencias del sistema de riego antes de aumentar indiscriminadamente la cantidad total de agua aportada.
• Mantener una estrategia de riego estable durante la maduración para reducir las fluctuaciones bruscas del contenido de agua de los frutos.
• Retirar los frutos gravemente dañados cuando hayan perdido su valor comercial y corregir las condiciones de riego responsables del problema.
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